sábado, 4 de octubre de 2014

Acuíferos

Dos hombres permanecen sentados uno frente a otro. Una de las miradas es fría, estática, impasible; la otra demuestra una preocupación incipiente. Las gafas del doctor producen extraños reflejos en el ambiente a pesar de que su cabeza no se ha movido ni un centímetro en los últimos cinco minutos. Simplemente se ha sentado mirando un historial que no cambia de página. Sus manos están paralizadas. El paciente rompe el silencio y se aventura a lo desconocido.

- Doctor, por favor. No se quede ahí quieto. Dígame, por el amor de Dios, ¿Qué me pasa? 
- Verá (dice moviendo ligeramente los ojos hacia el paciente), la cosa es grave, estamos ante un problema mayor y ante estas situaciones los médicos nos vemos en un compromiso. 
- ¿Cuánto tiempo me queda? 
- No quiero darle falsas esperanzas, pero tampoco quiero arrebatárselas. Podemos probar la cirugía. La ciencia ha avanzado mucho en los últimos años, ni se lo imagina. Hay muchas posibilidades de que la operación marche bien.
- ¿Pero qué es lo que tengo, doctor? Estoy confundido, dígame algo. 
- Usted padece lo que en medicina llamamos mente kárstica. La parte externa de la corteza parietal tiene goteras y eso se está filtrando hacia lo que en neurología llamamos cerebro profundo. Todavía no entendemos muy bien esta enfermedad pero las últimas investigaciones nos han hecho avanzar mucho en el tema.
- ¿Goteras, como es posible? - Las goteras son el detalle menos relevante. El problema está en que esa agua es rica en ácidos carbónicos y otras sustancias dañinas. 
- ¿Ácido carbónico? 
- Si 
- ¿Y eso me quema el cerebro? 
- No, simplemente lo va disolviendo poco a poco. Es un proceso de karstificación mental. La enfermedad del siglo XXI. 
- Sigo sin entender. 
- Señor Smuth, su cerebro se está disolviendo lentamente. Las radiografías muestran dolinas y acuíferos subterráneos en la corteza frontal y el sistema límbico y eso es muy peligroso. 
- ¿Peligroso por qué? 
- Porque la cirugía hidráulica a esos niveles es muy arriesgada. Podemos drenar parte de su cerebro pero esto provocaría efectos secundarios muy graves y quién sabe si un derrame cerebral. Las posibilidades de que esto suceda son mínimas pero no podemos ignorarlas. También hay otros posibles efectos adversos, pero de eso ya hablaremos antes de la operación.
- ¿Como cuáles? Por favor, Doctor, no me asuste. 
- En primer lugar estará el problema de regulación hídrica. Por osmosis podría pasar que parte de su cerebro se replegara sobre sí mismo y por otro lugar está el vacío que dejaría la operación. 
- ¿Vacío? 
- Si, parte de esos acuíferos quedarían secos y se producirían resonancias extrañas a niveles que no conocemos. Los resultados pueden ser desconocidos.
- ¿Si no me opero que me pasará? 
- Su ego se disolverá y desaparecerá. No quedará ni siquiera la nada. No habrá resonancia ni regulación organísmica. Los recuerdos desaparecerán y con ellos las ilusiones y las esperanzas futuras. Su cráneo se hundirá formando una sima incurable donde crecerán las más oscuras pesadillas. Si puede soportarlo entonces elija ese camino. Si cree que la cirugía hidráulica le puede ayudar comuníquemelo y le traeré unos papeles que deberá firmar. Le recomiendo que actúa con rapidez y raciocinio.
- No, lo siento. No voy a operarme. Me da igual disolverme en la nada. No quiero esos vacíos en mi mente.

Ambas miradas permanecen impasibles esta vez siguiendo una línea horizontal. Hay respecto camuflado de indiferencia. Las decisiones están tomadas. Se desprende una energía geológica impresionante. 

- Enhorabuena, Smuth. Si no tiene miedo a desintegrarse, es que es usted un Dios. 
- Antes de marcharme, doctor, ¿me permite hacerle una pregunta? 
- Sólo una. 
- ¿Es usted médico? 
- Lo fui. Si, hace mucho tiempo. Ambos compartimos el destino pero yo, a diferencia de usted, me operé a mí mismo.

Ambos se despiden con frialdad. El semblante del doctor se nota triste. Los vacíos de su interior le impiden llorar por el paciente y por sí mismo.

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