lunes, 24 de noviembre de 2014

Bajo el Sol de la Medianoche

I

Siempre termina por vencerme el sueño. Todos los días es una lucha continua hasta que por fin las tinieblas y la incertidumbre se apoderan de mi mente. Entonces caigo en un sopor que noche tras noche me corrompe y me atormenta con funestas visiones y experiencias insalubres que harían sollozar a los monstruos más inhumanos. Esta noche parece distinta pero no lo es, hay luz en la oscuridad, lo notan mis ojos y lo nota mi interior. Inclino mi cabeza y veo el interior de la habitación, hay luz menguante que brilla en lugares concretos con una aleatoriedad indescifrable. Algo no va bien. Subo la mirada hacia el techo viejo y descuidado. Sé con total seguridad que detrás de las vigas carcomidas y el robusto tejado ondea el sol de la medianoche. Hay algo extraño en toda aquella atmósfera, alguien más ha hecho presencia en mi hogar. Si no ahora, pronto llegará; lo presiento y lo sé con certeza, al igual que he vaticinado muchas de las cosas que han acontecido a mi alrededor, incluyendo la muerte y el abandono que gira a mi alrededor.

II

Se escuchan ruidos de pisadas huecas y sonoras que lentamente suben por las escaleras y se acercan hacia la puerta. Sé que pueden oler mi sangre y saborear los sueños, lo sé porqué muchas veces los he notado mientras duermo, he notado sus manos afiladas posarme sobre mis hombros mientras me encuentro atrapado en alguna de mis frecuentes pesadillas. Pero está vez es algo indiscutiblemente distinto; todo esto va más allá. Está vez quieren algo más de mi, algo que va más allá del alma que no pueden comprar y de las pesadillas que ya están bajo su dominio. Esta vez quieren algo de mí que va más allá de mi propio entendimiento. A veces maldigo el día que abrí por primera vez aquella puerta hacia el inconsciente más profundo. 

III

Espero su presencia pero las pisadas se paran en seco. Me incorporo con sudor en la frente pero no veo que la puerta haga el más mínimo movimiento. De repente aparece desde la propia oscuridad, envuelto en la luz blanquecina del sol nocturno. Está envuelto en una mortaja vieja y sus pies carbonizados están atados con cadenas doradas. Me mira con sus ojos abismales y caigo sobre la cama en el éxtasi más profundo. Me noto caer por un pozo profundo de dimensiones colosales que no parece tener fin. Caigo durante horas en un sueño lúcido y tormentoso mientras recorro aquel abismo. Recuerdo algunas cosas de aquel viaje fatídico, recuerdo por ejemplo llegar a oler el aroma del río Estigia, el extraño néctar picante de los montes de las llamadas o incluso llegar a escuchar los gritos desesperados del Raurava. Empiezo a pensar que ese pozo no tiene fin. A partir de ese momento no recuerdo absolutamente nada, todo se vuelve opaco, mi memoria es absorbida por la negrura más cruda que jamás he podido imaginar. 

IV 

Cuando despierto aún es de noche, estoy empapado en sudor y tengo una sed que quema mi garganta, la cual clama a gritos un poco de agua. Me incorporo y por unos instantes aún veo aquella figura parda y sus ojos penetrantes. Intuyo que ya no volverá a invocarme, que ya no volveré a ver ese pozo ancestral de dimensiones desproporcionadas. Lo sé porque por fin comprendo qué es lo que quería de mí, la razón por la cual ha viajado a través de los sueños hasta dar conmigo. Todo acude a mi cabeza en forma de relámpagos. Aparecen en mi cabeza ideas que no recuerdo, recuerdos que no he vivido y vivencias que me avergüenzan. Quiere que escriba su historia, quiere que le de vida de nuevo, quiere que no le olviden, quiere existir... Y sobre todo, me quiere a mí.

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