lunes, 15 de diciembre de 2014

Medusas en el Cielo

I

Caminé durante horas inciertas en un mundo que no parecía ni real ni imaginado. La luz caía del cielo como si fuera arrastrada por su propio peso. Con el signo del tres, deformaba la realidad y la desgarraba demostrando el desgraciado ser en el que se había convertido el mundo. El viento fluía de una manera circular, provocando un eco repetitivo; las palabras volvían y se repetían hasta que se perdían en aquella magnitud indiscreta imposible de medir. Las preguntas se convertían en respuestas y éstas en preguntas de anti retóricas. Que violento se volvía el viento con aquellas palabras de desprecio, ante la duda mostraban indiferencia, ante el amor, repulsión. El torbellino inundó aquellos prados efemérides donde se podían divisar todos los signos del devenir humano; en el firmamento se leía el pasado y el futuro. No había presente, no había actualidad. Todo estaba marcado por profecías que se jactaban de su sincronicidad. No había orden, sólo consecuencias.

II

Entonces vi los libros y palpe sus encuadernaciones, eran libros que desaparecían cuando eran leídos y que llenaban el horizonte como si formaran parte de la vegetación. Suyos eran los recuerdos y las esperanzas del ayer, de cuando fueron forjados con tinta y sangre. Entonces apareció el signo del nueve y las páginas se abrieron de par en par haciendo surtir miles de mariposas de colores que revolotearon dejándose llevar por el viento y los peligros de las corrientes de aire, aquellas que son provocadas por los resoplidos de diosas que aborrecen el día y la noche.

Aquellos insectos movían sus pequeñas alas y provocaban pequeños aleteos que no podían cambiar el mundo, ni siquiera provocaban terremotos en china. Se perdían en el vacío complejo que representa la causalidad. En medio de un torbellino de palabras enfrentadas, de frases y conjunciones aquellas alas de papel se quebraban y caían al suelo. La coherencia se perdía y las frases se descomponían en palabras vacuas que no conservaban ningún ápice de verdad. Allí donde antes había frases reveladoras ahora sólo había un cementerio de frases muertas, palabras sin sentido, saberes perdidos y fragmentados en miles de mentira de las que se alimentaban los bichos de la verosimilitud.

III

Antes del mediodía todo había desaparecido mecido por el viento. Unos niños salieron de sus casas aprovechando el color anaranjado del sol. Las nubes estaban altas y habían adquirido tonalidades que iban desde el rojo al violeta. Aquel firmamento en declive mostraba con un último esfuerzo la magnitud de un poder ultraterreno que ya todo el mundo ha olvidado. Se maravillaban los niños de aquel colorido, de aquel mar de nubes cúmulus que como pequeños trozos de algodón flotaban en el vacío que había dejado Dios, esperando ser devorados por algunos de aquellos dragones comedores de nubes. Venían de un pueblo lejano que podía ver a través del horizonte. Las casas quedaban empequeñecidas por la distancia y debido al cansancio que me poseía, parecía que incluso el viejo campanario se moviera a favor del viento. Aquella visión manierista me provocó extrañas reflexiones. Si, el mundo era tal flexible que daba espanto quedar a merced de los elementos atmosféricos.

Los niños aprovecharon aquella tarde para volar medusas en el cielo. A escondidas de los padres, trajeron varias medusas y las colocaron hacia lo alto como si pudieran ver el mundo a través de sus cuerpos traslúcidos. Con una pequeña carrera ambos lograron poner en órbita aquellos seres submarinos. El viento los elevó por todo lo alto y si no fuera porque estaban sujetos a un cordel se habrían perdido entre las nubes y los vientos cargados de humedad. Pasaron los minutos y las medusas flotaron en el vacío sostenidas por extraños vientos de altitud considerable. Cada vez, henchidas por la humedad, se agrandaban y crecían multiplicando su tamaño considerablemente.

IV

Antes de que atardeciera aquellas medusas siguieron flotando en aquel cielo azul, extendiendo sus largos tentáculos, intentando como rayos alcanzar una tierra que ya echaban de menos. Parecían dos monstruos gigantes si no fuera por la ausencia de mirada. Aquello los camuflaba en el firmamento y hacía que la gente del pueblo los confundiera con nubes bajas del mar. Entonces vi el cielo se aceleró durante unos instantes y ambas cuerdas se rompieron. Ante el semblante triste de aquellos niños las medusas se escaparon y fluyeron por el cielo camuflándose entre las altas nubes de naturaleza estival. Movieron sus tentáculos y se movieron en una especie de danza elegante para buscar un nuevo hogar. Poco a poco desaparecieron entre el horizonte y el sol que les daba la vida. Los niños, apesadumbrados por la pérdida de las medusas, se marcharon cabizbajos a casa. Sin embargo, aquella noche soñaron que años después aquellas medusas volvían a aquel prado a picarles con sus tentáculos, los cuales, en lugar de irritación, les provocaban risas y congoja.

El sol aún no había desaparecido y la luz se tornaba débil. Volvían la lógica a mis pensamientos y mi cuerpo parecía despertar de un largo letargo. La brisa se volvió refrescante y un motivo para disfrutar algo más de aquel panorama. Entonces el viento paró en seco y pude escuchar unos silbidos humanos que me parecían muy familiares. Los escuché durante unos minutos y luego pararon como esperando una respuesta. No había nadie a mi alrededor, todo parecía flotar en una quietud sobrenatural, di algunas vueltas y encontré el camino que antes había dejado atrás, fue entonces cuando volvieron aquellos alegres silbidos a cobrar firmeza; eran tan intensos que parecieron robarme una pequeña sonrisa. Sí, lo hicieron.

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