lunes, 12 de enero de 2015

Corazón Negro

I

Hay una gran sala perfectamente iluminada, los focos arrojan luz blanca y destacan la presencia de varias decenas de personas con mirada perdida, abstraídas en sus conocimientos y preocupaciones personales. Todas ellas están de pie, esperando la llegada del profesor, lucen batas de cirujano limpias como la seda que reflejan la verdad de una ciencia imperecedera que ha evolucionado hasta los rincones más siniestros del universo. El gran hombre entra en la sala, encapuchado, sonriente, portando un candelabro negro y una vara rojiza adornada con dos serpientes enroscadas. Todos hacen una reverencia. Él no saluda.

La sala, vista desde esa perspectiva parece un gran anfiteatro, con sus asientos de piedra pulida decorados con extraños relieves y situados en distintos niveles de altura alrededor de un círculo imaginario. Las personas caminan de espaldas, mirando de frente al profesor y sin medir palabra se van sentando en sus sitios correspondientes, tomando las precauciones necesarias para no tropezarse con sus compañeros. Cuando todos han tomado asiento, el maestro se dirige al punto central de la sala, hacia aquel pequeño foso ocupado por una camilla, portadora de muerte y misterio. El profesor profesa unas palabras y las sábanas son apartadas por dos becarios con aspecto de gorilas. Un cuerpo atlético y desnudo queda a merced de las miradas de los alumnos. Todos preparan sus plumas y empiezan a anotar en sus pergaminos lo que van viendo.

II

El profesor se adelanta y pronuncia las primeras palabras. Su voz es atronadora. Los relámpagos resuenan fuera de la facultad adornando aquella atmósfera cargada de tensión.

Profesor: Bien, tenemos un hombre de un tercio de siglo muerto hace apenas un reloj de arena. Durante esta clase tendremos una hora para averiguar por qué murió. ¿Quien empieza?
Alumno con gafas: Debemos descartar en primer lugar la ausencia de heridas abiertas, enfermedades mortales o intoxicaciones. En segundo lugar averiguar si ha habido rotura interna o fallos anatómicos graves.
Profesor: Cierto, supongamos que nuestros acólitos ya han registrado el cuerpo de una manera superficial y que por razones prácticas no ha habido ni venenos ni ninguna enfermedad corpórea.
Alumno ilustrado: ¿Y alguna enfermedad del alma?
Profesor: Ya llegaremos a eso. Procedamos al análisis primario. ¿Algún voluntario?
Alumno prepotente: Yo
Profesor: No, tu no. Estoy cansado de tu cara... ¿Qué tal tu? (dice señalando a un joven de mirada extraña)
Alumno extraño (se levanta, no dice nada y se pone junto al cuerpo)
Profesor: ¿Y bien?
Alumno extraño: Procedemos al alivio arterial, extraemos la sangre, con un galón bastará para averiguar el estado de cohobación de la flema.
Profesor: Bien, sigue

El alumno coge una cuchilla y un compás y empieza a hacer las primeras maniobras sin dejar de mirar de reojo al profesor que asiente o discrepa con un simple movimiento de labios.

Profesor: ¿Y ahora que debemos hacer?
Alumno extraño: El cuerpo no se agita, lo que indica que la cohobación verdadera no se ha alcanzado. Es una buena señal.
Profesor: ¿Buena señal?
Alumno extraño: Para él, digo... no para nosotros
Profesor: ah... bien... bien prosiga
Alumno extraño: La sangre huele a hierro envejecido. La causa de la muerte debe estar más adentro
Profesor: Quizá... ¿no nota algo raro?
Alumno extraño: Ahora que lo dice... si. La sangre es bastante espesa
Profesor: ¿Y eso indica?
Alumno extraño: Que debemos analizar las entrañas. Hay muchos residuos emocionales
Profesor: Bien, pensé que lo había pasado por alto. Continúe.
Alumno extraño: (abriendo el cuerpo) Los órganos internos están en perfecto estado
Profesor: No lo considero así. Pero bien, vuelva a su sitio, está aprobado. Un nuevo voluntario
Alumno prepotente: Yo
Profesor: La última vez que se lo digo, cállese. No quiero volver a escuchar su estúpida voz en mis clases

III

El profesor nuevamente mira a uno de sus alumnos y señala con la vara. Su voz pronuncia un nombre, sus ojos se tornan maléficos. Esta vez quiere poner a prueba los conocimientos de una alumna nueva. Se imagina haciéndola llorar el primer día de clase. Sus dientes relucen afilados.

Profesor: Marian, venga con nosotros.
Marian: Está bien (baja y se pone junto al cuerpo)
Profesor: Díganos en que se ha equivocado el alumno extraño (unas risas apagadas suenan en la sala)
Marian: Los pulmones parecen deformados. Sus intestinos revelan mucho sobre su carácter
Profesor: En esta clase no vamos a analizar si su carácter era oral-gratificante o anal. Céntrese en lo importante
Marian: Deberíamos analizar los pulmones
Profesor: Bien... y como lo haría
Marian: ¿Pinchar los dos a la vez para ver cuál se desinfla antes?
Profesor: Eso es una estupidez
Marian: ¿Extraer el aire para ver si es inflamable?
Profesor: Esto está mejor. Pero hay algo más interesante. ¿Alguien lo sabe?
Alumno prepotente: Aquí, yo... yo
Profesor: Saquen de la sala a ese cretino. ¡Y denle una paliza en el ojo!

Dos hombres deformes entran en la sala y se llevan al estudiante que se desmalla al instante. Nadie lo vuelve a ver nunca por la facultad.

Profesor: Que la clase prosiga, no hagan caso de los hombres-formol
Alumno harapiento: Podríamos hacer una transducción memorístico-gutural
Profesor: ¡Exacto! Aprobado y con nota. Bien Marian, ¿sabrías hacer eso?
Marian: Si, debo colocar los pulmones en un ángulo muerto e insuflarles aire con azufre.
Profesor: ¿Y qué más?
Marian: Taparle los ojos para no viciar el aire
Profesor: Bien, continúe

Marian coloca un pulmón y tras hacer una pequeña incisión mete un fuelle de mano. Cuando lo hace funcionar de la garganta del muerto surge una voz atronadora.

Cuerpo: Adiós
Profesor: ¿Adiós?
Marian: Si, ha dicho adiós
Profesor: ¿De quién se despide?
Anónimo: ¿Ha dicho adiós o a Dios?
Profesor: Da igual, sus últimas palabras no nos revelan gran cosa
Marian: Si supiera que me iba a morir quizá me hubiera despedido del mundo
Profesor: ¿Si supieras?
Marian: Si... ¿y si él lo sabía?
Profesor: Interesante enfoque. Vuelva a su sitio. Ya hablaremos de su nota. Quiero otro ayudante.
Alumno misterioso: Yo, señor profesor
Profesor: Bien, salga usted y sáquenos de este embrollo
Alumno misterioso: Creo que deberíamos analizar su alma
Profesor: Argumente
Alumno misterioso: Haciendo un corte sagital podríamos ver realmente si ha pasado algo a su cabeza. A veces la explicación más sencilla puede resultar eficaz
Profesor: Tiene razón, exceptuando en lo de la explicación más sencilla. En la ciencia, las cosas más complicadas resultan siempre estar detrás de las cosas más simples.
Alumno misterioso: Voy abriendo el cráneo (maniobra con un cincel)
Alumno jorobado: Creo que deberíamos extraer una muestra y hacer una tinción para observar el campo extrapiramidal del lóbulo temporal.

(La sala se agita)

Profesor: ¿Cerebro?, ¿Quien ha mencionado esa palabra?
Alumno jorobado: Yo
Profesor: ¿Está usted loco o acaso ha estado leyendo libros prohibidos? En esta clase no toleramos ese tipo de lenguaje. Váyase con sus supercherías a otra parte, queda expulsado de mis clases.

(El alumno sale por la puerta acompañado de un guardia encapuchado que mira a los asistentes con recelo)

Profesor: Bien, prosiga
Alumno misterioso: Ya lo veo
Profesor: ¿Qué ve?
Alumno misterioso: El homúnculo. Está ahí, inerte
Profesor: ¿Qué le pasa?
Alumno misterioso: Tiene los ojos abiertos, con mirada de susto. No es normal
Profesor: No, no es normal. ¿Y dónde te parece que mira?
Alumno misterioso: Hacia abajo, hacia el corazón
Profesor: Y eso indica...
Alumno misterioso: Que el problema empezó en el corazón, no en el alma
Profesor: Bien. Otro voluntario. Buen trabajo

IV

Después de un rato de silencio incómodo, el profesor pronuncia un nombre, Matheo. Todos se miran unos a otros, es un alumno brillante, pero nadie sabe si podrá resolver el reto que le plantea el profesor. Estas cosas ya no se ven en los libros, nadie ha tenido tiempo para estudiar el temario.

Matheo: Debo analizar el corazón
Profesor: No tan rápido, truhán. Antes unas preguntas
Matheo: Dispare
Profesor: ¿Que deberíamos hacer si quisiéramos contactar con el homúnculo?
Matheo: Aplicar calor
Profesor: ¿De qué manera?
Matheo: O bien insuflando aire granulado o bien calentándolo con heces de caballo
Profesor: ¿Por qué no aplicar el baño maría?
Matheo: Porque no serviría en este caso
Profesor: ¿Por qué no?
Matheo: Porque dejaría de ser un homúnculo
Profesor (con mirada paranoica): Bien... bien... prosiga

Matheo localiza el corazón y mira sus válvulas. La sangre parecía fluir bien, pero hay algo que no encajaba.

Profesor: ¿Alguna teoría?
Matheo: Quizá la sangre se enfriaba y no lograba entrar bien en el corazón
Profesor: ¿Enfriamiento de sangre?
Matheo: Las estadísticas dicen que es poco probable, pero puede suceder. Podría averiguarlo mezclando la sangre con bismuto o quizá con sal negra
Profesor: No se ande por las ramas. Suponemos aquí que ya hemos realizado los estudios de laboratorio pertinentes. No hay coagulación sanguínea en los vasos periféricos. Tampoco hay signos de congelamiento flemático.
Matheo: Necesitaría más datos.
Profesor: La sangre está algo templada, pero le cuesta bullir. Eso es algo que puedo ver a simple vista por mi vasta e inmaculada sabiduría
Matheo: Bien, entonces creo que debería abrir el corazón
Profesor: ¿Cómo?
Matheo: Haciendo un corte horizontal para no reactivar los recuerdos de la sangre
Profesor: Proceda

El corazón se abre, por dentro está negro como el carbón. La sangre ha quedado coagulada en su interior y aunque parece solidificada, hay algunos pequeños hilos de sangre que lentamente fluyen por aquel laberinto de pequeños tubos y filamentos. El profesor asiente entusiasmado. Los demás alumnos se acercan, nunca han visto nada así. Nunca han visto el dolor.

Profesor: ¿Y bien?
Matheo: Es bilis negra
Profesor: ¿Como lo sabes?
Matheo: La intuición es la única manera de saber qué es la bilis negra
Profesor: Bien, está claro. Era una pregunta trampa.
Matheo: Eh aquí la razón. La persona ha muerto por el sufrimiento. Su corazón no lo ha soportado. Antes de morir el homúnculo he hecho todo lo posible por frenar la muerte pero no ha podido, por eso se ha despedido del mundo.
Profesor: Bien. No esperaba más de ti, Matheo. Aprobado. La clase ha terminado vuelvan todos a sus cubículos. Los que tengan clase de curanderismo con el profesor Atheus que sepan que se ha puesto enfermo y no habrá clase hasta la semana que viene.

V

Todos abandonan la sala en silencio. Algunos tocan a Matheo en los hombros como señal de respeto y aprobación. Los profesores están orgullosos de él. Se queda durante unos minutos sosteniendo el corazón silencioso de aquel hombre. Mira la negrura que hay en su interior y algo le resulta familiar. Cuando todos se han marchado palpa con los dedos el interior viscoso del reino coronario. Intenta encontrar algo, una pequeña piedra, un pequeño coagulo calcinado por los recuerdos tormentosos de la conciencia. No hay nada, solo bilis. Matheo mira el corazón y no comprende realmente por qué ha dejado de latir. ¿Cuál era su sufrimiento?

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