lunes, 30 de marzo de 2015

Aliento Gélido

I

Camino en sueños por aquella calle oscura, recóndita, perdida en algún lugar donde reposan los malditos, camino entre las tumbas de los olvidados, absorto en sueños rotos y esperanzas perdidas. La oscuridad me envuelve y me funde en su siniestro abrazo, me hace partícipe de su anonimato, de la carencia afectiva que representa no ser visto ni escuchado. Soy un fantasma y a mis pies reptan alimañas y bichos sarnosos que navegan en enjambre, ignorando que no puedo ser devorado. He caminado por senderos marchitos sin sentir el dolor, he visto la vergüenza y el desamparo pero nada me ha frenado. Sin embargo, el dolor crece y se alimenta a cada paso. Las piernas tiemblan y todo mi ser se estremece ante la mera posibilidad de caer una vez más. ¿Acaso un gusano puede dañar a un fantasma?

Sólo hay una sensación. Es el frío que llena aquel espacio. Tiempo y nadie me arropa, estoy desnudo y floto perdido en un mundo que está siendo devorado por gusanos. ¿Cuándo seré libre? Tiempo al tiempo. La luz se extingue y mi tiempo me agota. Mi inmortalidad es puesta en duda, mi fortaleza se quiebra y afloran malos espíritus que me atormentan. Intento ver la luz, imaginarla en medio de aquel infierno falto de calor pero ya no la recuerdo, no recuerdo su rostro, sé el color de sus ojos pero no los puedo proyectar en el vacío como tampoco su sonrisa pues la he olvidado. ¿Donde estuviste recuerdo si es que algún día tuviste cuerpo? No contesta pero sigo adelante arrastrado por un extraño viento que me desplaza contra mi voluntad. Me dejó guiar, me muevo, parece que hay emoción pero no la hay, sólo movimiento. Mi camino es mi perdición y mi perdición es mi destino. ¿Si mi camino es el destino dónde queda la esperanza? La memoria me falla y envilece deformando las oquedades de mis ojos, los cuales deforman una oscuridad que parece no tener fin.

II

Escucho ese susurro vil, esa sensación de ser observado. Escucho su respiración blasfema, sus sonidos guturales camuflados por mi sensación de soledad. Me acechan y me persiguen, siento su odio, su hambre, sus ganas de castigar y ser castigados. Son espíritus malignos, son criaturas desamparadas que vagan en un mundo caótico, adaptados a la locura sin forma, a la virtud caída en desgracia. No hay formas, sólo pulsiones, fuerzas demoniacas que llaman por mi nombre y me hacen recordar su propio pasado. ¿Que buscan esos espíritus malvados?, ¿Acaso no saben que los fantasmas no tenemos sangre? No los distingo pero me rodean, me desestabilizan y me golpean con ráfagas de viento que dañan más por la energía de sus intenciones que por la fuerza. Siento sus miedos, el vacío interior de sus débiles almas; criaturas envilecidas que perpetúan el mal en el mundo.

No tienen significado, no tienen alma, no tienen futuro ni pasado. Viajan por el vacío intentando confundir, divulgando las mentiras y las falsas ilusiones. Pero entonces siento una fuerza en mi interior y cierro los ojos. Me miran pero ya no me ven y yo sin embargo los observo. Suenen tres golpes de bastón. El suelo tiembla, el mundo enmudece y la tierra deja de girar durante unos segundos. Veo sus miedos, sus dudas ante mi indiferencia, su rabia ante la incapacidad de doblegar un alma inocente. La virtud asciende y la luz renace en mis ojos que los ciega como diablos que han visto la cruz. Huyen despavoridos. El camino está marcado.

III

Mi lengua no puede articular, ya no siento mi corazón, ya no siento el frío aliento de sus gargantas pútridas. Consigo recuperar la respiración que alimenta el mundo y escapo de aquel oscuro rincón. El mundo se abstrae por unos minutos y entre luces matutinas consigo ver aquel vacío alejarse de mí. Las voces se tornan débiles, los susurros desaparecen, huyen desesperados buscando en la oscuridad aquella alma perdida que les dé significado. Mis manos no responden, se petrifican, mi vista se nubla. Cierro los ojos de nuevo. Los abro. Hay un largo camino por recorrer.

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