domingo, 20 de septiembre de 2015

Los Colores de la Noche

 
I

Durante la noche no existen los colores. Lo sé por experiencia, no puedo afirmar con certeza que los demás no los vean pero al menos yo los veo desaparecer con los últimos rayos del sol. Cuando cae la noche todo se transforma, la noche está escrita en tonos que van desde el negro más intenso al blanco más cegador, aunque la mayor parte de colores que logro distinguir son intermedios entre ambos, básicamente lo que la gente llama colores grises. Cuando las estrellas brillan en su esplendor más álgido la luz de las farolas se vuelve gris y los reflejos de los tejados se tornan plateados como si alguien los hubiera rociado con pequeños trozos de espejos reflectantes.

Desde mi ventana contemplo la calle de aspecto carbonizado con sus adoquines duros aunque de superficie pulida. A pesar de la ausencia total de color, puedo ver las cosas de siempre, e incluso las personas noctámbulas, que en blanco y negro, viajan alrededor de la calle. Veo viejas prostitutas esperando a sus clientes diarios, la mayoría de ellos pobres viejos o jóvenes con extrañas obsesiones por las mujeres maduras y desgastadas.

II

En el cielo las estrellas se mueven al vaivén del viento como si éste las moviera, todo parece el hechizo de un gran mago, es como si algo se hubiera puesto sobre la ciudad y con su manto lo hubiera empapado de la neutralidad más absoluta. A veces, entre el negro humo que sale de las chimeneas me parece ver algo invisible que ondula en el cielo, quizá como una bandera desplegada, aunque es más probable que se trate de una capa; una de esas capas mágicas que envuelven la realidad y la transforman a voluntad de quien las maneja y las comprende.

III

Pasa el vagabundo de todas las noches intentando forzar las puertas de las casas a simple vista inhabitadas, pero como ocurre todas las noches, esta vez tampoco lo consigue y se contenta con dormir en el portal de alguna casa de mala reputación, a vista de todo el mundo que pasa por ahí, ya sean buenas o malas personas. Esta vez parece más anciano de lo que es, el tono gris de sus ropas y la cara ensombrecida le dan un aire un poco terrorífico. Poco a poco se torna de un gris muy claro, tan claro que distingo los detalles de sus ropas desde mi posición. No sé si está dormido o ha elegido esta noche tan extraña para morir. Me alegro por él, su alma descansará libre... mientras que la mía fue creada para permanecer eternamente en esta ciudad.

IV

Así pasan las horas, descubriendo los detalles de una ciudad que pensé que conocía mejor. Veo mujeres caminando discretamente por las calles en busca de sus amantes, veo ladrones que vienen y van de un lugar a otro; también veo enfermos que abandonan la ciudad por la noche esperando que nadie les vea la cara y los confunda con monstruos. Yo sin embargo los veo igual que todos, la luz que ilumina sus rostros es tan intensa que esconde las imperfecciones faciales causadas por el desgaste y la enfermedad. Todo me conmueve en esta noche tan especial. Todo es igual, pero a la vez tan distinto que no quiero que la noche termine... quiero conocer todos los secretos que esconde la ciudad y aquí estaré, sentado en mi alto rincón, contemplando en silencio la ciudad todas las noches.

V

La gente no me conoce. Ni siquiera se molestan en conocer mi verdadero nombre. Todos me llaman gárgola cuando me ven en lo alto de la catedral, pero ignoran que conozco sus más tenebrosos secretos y que he visto sus vidas llenas de vicios y pocas virtudes. Así permaneceré, durante siglos, hasta que la lluvia erosione mi cuerpo y me libere de la fría estancia que me retiene vigilando continuamente la ciudad en busca del mago que da color a la noche.

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