domingo, 17 de julio de 2016

Golem


Llegaba el verano y el cielo no podía permanecer más incoherente al proyecto de mi vida. Con sarna y malas palabras me despidieron de mi último trabajo y la mala suerte no se desprendía de mí, me encontraba casado con la mala fortuna y el calor empezaba a ser cada vez más asfixiante hasta el punto que notaba que me faltaba el aire a cada instante. Día tras día, iba viendo como mis ahorros se desvanecían, evaporados por un mundo inclemente que no permite la vida sin dinero. Siendo de mal dormir, aquella noche de duermevela, de luna llena y calles encendidas, tuve un extraño augurio. Algo me llamaba a realizar prácticas prohibidas y desentrañar los peligros de los símbolos arcanos. Venía extraños símbolos dibujados en el cielo, mantos de estrellas resplandecer en un orden conciso hasta formar extrañas figuras que mi mente no podía reconocer pero que catapultaban mi corazón hacia un frenesí desbocado. El fin estaba cerca. Desempolvé mis viejos libros de estudio y encontré los viejos códices enmohecidos por las vilezas de la humedad y del aura de fatalidad de sus contenidos. Fueron noches enteras de lecturas mistéricas, de traducciones inciertas y letras antiguas que nada tenían que ver con la tradición carolina o las letras góticas. Eran más bien símbolos sumerios, pero de una imprecisión tan cierta que entremezclaban elementos sumerios, caldeos e incluso ugaríticos.

Conforme los leía, me sumergía en un sopor indescriptible, sentía que no era yo para verme posteriormente reflejado a través del tiempo, en un mundo indescriptible, barroco e irreal. Sentía que algo de aquellas inscripciones cobraba vida y se hacía con mi ser, lo notaba en mi mirada, con unos cambios en los colores que me advertían de la transformación; también lo notaba en la punta de la lengua, que me animaba a cantar extraños salmos desconocidos. En un estado de conciencia alterada hice una extraña compra por internet que dilapidó mis ahorros. A duras penas puedo recordar qué pasó, pero cuando despierto de mis extrañas siestas, extasiado y entumecido por el agotamiento, recuerdo viajes a lugares extraños, luces naranjas que me persiguen en mitad de los callejones y extraños seres que me rodean escaneando todo mi cuerpo, como si sobre mí realizaran algún extraño experimento o trataran de ver mi interior, de profanar mis misterios.

Días después comprobé la factura de la tarjeta de crédito y pude comprobar que el último gran pago había sido realizado a una empresa que hacía impresiones 3D. En su página web se podía ver que realizaban figurillas simples, impresiones con diseños propios, hechos seguramente con alguna especie de software, pero cuando seguí mirando la lista de ofertas vi algo que me llamó la atención. A mi mente acudieron varias imágenes de fuego estampadas en la retina y que procedían de una memoria reciente. Vi imágenes de personas en miniatura y un video donde explicaba el procedimiento de escaneo corporal e impresión. Las figurillas venían con color y parecían ser réplicas exactas de uno mismo. Sin embargo, cuando miré hacia abajo vi una especie de símbolo que desapareció rápidamente del monitor. Éste empezó a parpadear a una velocidad creciente y entonces se sumió en la más tenebrosa oscuridad. Entonces el teléfono despertó.

La cogí sobresaltado por lo que había ocurrido, pero peor fue escuchar la voz de aquel hombre. No parecía de este mundo. Decía con voz monótona que mi pedido especial estaba en marcha, que esperara a la próxima luna llena y que entonces mirara en el descampado detrás de casa a las tres de la noche. Antes de colgar me advirtió que no entrara en la página web y que no despertara más sospechas. Dijo textualmente que el proceso ya estaba en marcha, que no debía alterarse el destino que todo debía hacerse a la luz de la luna para no despertar el ojo de alguien. Después de escuchar aquel nombre extraño sonó un pitido en la cabeza y aquel ser colgó misteriosamente, entonces olvidé qué era lo último que había dicho. Hice una rellamada y me saltó el contestador de una empresa que supuestamente fabricaba videojuegos para spectrum, commodore y aparatos antiguos. Entonces sólo pude emitir un grito que quedó grabado en aquel contestador y colgué afanosamente, incapaz de articular más palabras.

Esperé dos días sin poder dormir a que llegara la siguiente luna llena. Cuando echaba una cabezada y mis ojos se cerraban saltaba sobresaltado de la cama a los pocos minutos. Veía seres extraños hondear vientos de azufre, tentáculos y ojos enfurecidos observar desde el firmamento hacia mi persona; movían hilos, los subían y bajaban y con cada movimiento el mundo se estremecía bajo su tiránico poder. La muerte, la miseria, la corrupción, todo ello lo manejaban a través de aquellos hilos y nadie podía arrebatarles el control o destruir aquellos vínculos imperecederos. Entonces sus fieras pupilas se movían hasta localizarme y el pavor era tan impactante que salía despedido de aquella realidad para volver a una que no era mucho peor. Cuando llegó la noche indicada bajé las escaleras y marché hacia el descampado. Todo el mundo dormía apaciblemente, respirando al ritmo de aquellos monstruos, latiendo sus corazones según la voluntad de aquellos ante los cuales se postraban. Mis pensamientos se paralizaron cuando vi aquella imagen en mitad de la llanura. Cubierto por un manto blanco se encontraba algo gigantesco. El viento se encargó de despejar el velo y mostrar al mundo lo que había sido forjado en secreto. Era una imagen en 3D de mí mismo, pero de 7 metros. Parecía de plástico, con colores realistas, pero a juzgar por su dureza y peso uno bien podía pensar que era una estatua de verdad, hecha de bronce o algún material de gran dureza y tenacidad.

Cuando contemplé aquella obra vi un ápice de coherencia en mis sueños. Era la encarnación del arma que me podía ayudar a combatir en la guerra final. Entonces subí a él y a mi voz acudieron aquellos salmos prohibidos, esta vez convertidos en voz viva y profunda, en poderosas conjuraciones arcanas y en la voz de dioses ya olvidados. La figura cobró vida y me moví por la calle, a hombros de gigante, destruyendo todo con aquellos brazos de plástico endurecido por la magia y la sed de venganza. Las balas de la policía no podían frenar la encarnación de mi nuevo cuerpo, diseñado para la batalla del fin de los tiempos. Durante horas luché afanosamente, destruyendo tiendas, vehículos y muros. El muñeco empezó a echar fuego sobre un grupo de hípsters que huían aterrorizados por mi presencia y la tierra entera empezaba a temblar conforme iba amaneciendo y mi poder se hacía imparable. Todo quedaba arrasado, tierra y cemento, hierro y hormigón. Era el principio de una nueva era auspiciada por antiguas profecías. La tecnología y la magia se habían unido para crear un nuevo orden mundial y mi semblante era testigo y profeta de ello. Entonces perdí la energía que me mantenía despierto y descubrí que mi cuerpo sangraba. Algunas balas me habían alcanzado y el muñeco empezaba a zozobrar, horrorizado por la mala suerte del destino. Un tremendo dolor se hizo con mi brazo izquierdo; entonces mis ojos se cerraron, mientras escuchaba gritos y los temblores de un gran terremoto.

Cuando encontraron su cuerpo, el hombre permanecía tendido en una mecedora vieja; en su regazo sostenía un extraño libro que había escrito él mismo, con papel casero y tinta artesanal, utilizando ácido ferroso como fijador, miel y su propia sangre. Hacía tiempo que había perdido el trabajo y los vecinos habían advertido a la policía preocupados por el mal olor que salía de la escalera. Su cuerpo fue incinerado junto con el libro; un análisis reveló una enfermedad congénita del corazón que ya había sido diagnosticada años atrás. El Armagedón final que había soñado se había hecho realidad. La imaginación había podido luchar contra los hilos que movían artificialmente su corazón. Mientras, en su mesita de noche descansaba una pequeña figurita en 3D de su cuerpo erguido, miraba de frente y sonreía, parecía feliz. Lo era.

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